Cría y selección del Padda o Gorrión de Java (Padda oryzivora)

CRÍA Y SELECCIÓN DEL PADDA O GORRIÓN DE JAVA (Padda oryzivora)

 

Por Ángel Luis Rodríguez Barbero.

También conocido como Calafate en Latinoamérica, el Padda común o Gorrión de Java, junto al Diamante Mandarín y la Isabela del Japón, son las tres especies exóticas domésticas más extendidas y criadas por los aficionados a los pájaros exóticos.

Siendo tan numerosa la cantidad de ejemplares obtenidos como escasa la calidad de los mismos.

En este artículo quiero llamar la atención sobre aspectos fundamentales en la cría y selección de los ejemplares reproducidos con ánimo de mejora selectiva y excelencia competitiva.

Hay quien encuentra placentero obtener el máximo número de ejemplares de las especies que cría o reproduce, no reparando en si le merece la pena el precio obtenido por los ejemplares excedentes , o si el trabajo y el gasto de esa cría masiva le merece la pena.

Partiendo de la base de que cada cual puede hacer lo que mejor le parezca, conviene recordar que come lo mismo y da el mismo trabajo un ejemplar de calidad que uno vulgar, y sin embargo el justiprecio obtenido por ese ejemplar óptimo, y los resultados alcanzados por el mismo en los concursos, son sensiblemente más satisfactorios que la preocupación por dar salida a unos cuantos jaulones atestados de pájaros en pésimas condiciones físicas y psíquicas (picaje, estrés, etc).

¿Para qué criar muchos medios pájaros , si se pueden criar pocos buenos?.

 

Cría.

De todos es sabida la excelente predisposición reproductiva del Padda. Puestas de 7 y 8 huevos y nidadas numerosas y sin bajas son la norma habitual de su ciclo reproductivo, prolongado a veces indebidamente hasta la extenuación de los reproductores.

Tres nidadas por temporada de cría son más que suficientes para obtener un número adecuado de pollos, y ante todo para que su calidad media sea alta.

El número de pollos por nidada no debe exceder de cuatro, y las nidáceas excedentes pueden ser repartidas en otros nidos con exiguo número de nacidos, o confiados a otras parejas de Paddas que utilicemos como nodrizas por no ser de calidad en cuanto a su fenotipo.

La alimentación base que me da un excelente resultado está compuesta por alpiste de calidad y mijo blanco o amarillo, en una proporción de 1 a 1. Si nuestros Paddas escarban el grano en busca de su preferido (el gusto varía considerablemente de un ejemplar a otro), podemos poner un comedero con alpiste y otro con mijo por separado.

No les falta la pasta de cría (mínimo 18 % de proteína) al menos 3 días por semana antes de la cría y a diario durante la misma. Completo la dieta cuando han nacido los pichones, con trigo germinado, mijo japonés y proteína animal, como por ejemplo gusanos búfalo que compro congelados. Si bien pueden ser sustituidos por gusanos Tenebrio de corta talla.

La diferencia entre los pichones criados con proteína animal y los que no lo han sido, es abismal la mayoría de las veces, incluso a pesar de que los reproductores sean de similar calidad selectiva. Si además prolongamos el número de nidadas, los pichones nacidos en estas nidadas suelen ser una calidad ínfima.

Una vez los jóvenes saltan del nido en torno a los 20 días (he de anillarlos con apenas 4 días, con anilla de 3´2 mm), les suministro espigas de panizo, las cuales les facilitan el aprendizaje viendo como sus padres las devoran, y comiendo de ellas en apenas 24 horas.

El grit mineral y el hueso de jibia no ha de faltar a los padres, ni tampoco a los jóvenes en su proceso de independencia y muda juvenil en los jaulones de recría. No utilizo fruta ni verdura en la alimentación de mis Paddas.

Las parejas reproductoras bien mantenidas y alimentadas, suelen iniciar la siguiente puesta a los 24 días de edad de las crías anteriores, en el mismo nido y con la presencia aún en su interior para dormir de los jóvenes.

Selección.

Hemos hablado de la cría y de los mejores métodos para la misma. Ahora hablemos de selección, tan primordial, si no más, que la cría.

Sólo debemos criar con ejemplares de calidad, con buena talla y forma y sin fallos de diseño en el dibujo del plumaje, con el adecuado color para cada mutación.

La forma también es importante. Buscaremos ejemplares anchos, redondeados, con cabezas potentes y desecharemos aquellos demasiado estilizados y con la cabeza plana.

En cuanto al color, para los grises o ancestrales  desecharemos aquellos ejemplares con fugas melánicas o plumas aciánicas. Si criamos con ejemplares levemente manchados nunca conseguiremos Paddas competitivos (La COM no admite los ejemplares píos, overos o manchados). Nos fijaremos en la nitidez y definición del margen de las mejillas y en la blancura de las mismas.

Estos aspectos son perfectamente válidos para el resto de colores melánicos (Opal, Topacio, Feomelánico, Pastel, etc.). En cuanto a los Blancos, habrá de primar la óptima conformación corporal o estructura, la talla y la ausencia de plumas parcialmente pigmentadas. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los Paddas Blancos son parcialmente manchados en dorso, cuello, nuca y rabadilla hasta el fin de la primera muda. Para criar buenos blancos es necesario emparejarlos con ejemplares píos, overos o manchados al menos en un 50 % de su plumaje.

Carece de sentido emparejar un buen  Pastel u Opal con otros ejemplares de las mismas mutaciones pero de ínfima calidad en cuanto ala talla y forma. Es preferible, por tanto, esperar un año más y criar portadores hechos con buenos grises, que tener mucha prisa por obtener ejemplares del color que se busque, pero que éstos sean de pésima calidad. Deberemos conocer por tanto el modo de transmisión de las distintas mutaciones para optimizar los resultados de nuestras parejas.

El Gris o ancestral domina a todas las mutaciones, salvo a la blanca, que es parcialmente dominante o codominante y cruzado con ella da ejemplares manchados con extensión de plumas aciánicas, despigmentadas o blancas .

El Opal, el Topacio y el Feomelánico (antiguo Isabela) son recesivos autosómicos, por lo que nos será indiferente emplear machos o hembras de estas mutaciones para obtener portadores. Obviamente, cruzando portadores de estas mutaciones con ejemplares de dichas mutaciones, se obtendrá un 50 % de ejemplares mutados, machos y hembras, y otro 50 % de ejemplares portadores , también machos y hembras.

Si cruzamos mutados entre sí (de la misma mutación), el resultado será de 100 % de ejemplares mutados .

El Pastel es recesivo y ligado al sexo, y aquí el orden de los factores si altera el producto, pues de un macho Pastel,  cruzado con cualquier mutación , obtendremos todas las hembras mutadas en Pastel , y todos los machos serán portadores de dicha mutación. Si el cruce se efectúa en sentido inverso, empleando una hembra Pastel con un macho que no lo sea, no obtendremos ningún ejemplar mutado en Pastel en la primera generación, siendo todos los machos portadores de Pastel.

El cruce más indicado para obtener la máxima cantidad de Pasteles es el de Pastel x Pastel , o el de  macho portador de Pastel x hembra Pastel.

El mismo tipo de transmisión rige para los novedosos mutantes Ágatas e Ino.

Se desaconseja aparear Topacios con Feomelánicos, pues saldrán ejemplares de coloración intermedia y sin valor, dada la dominancia parcial del Topacio sobre el Feomelánico,

Del cruce de Opales con Topacios, Feomelánicos y Pasteles obtendremos ejemplares Grises de baja calidad y portadores de todos estos factores.

Otro aspecto importante en la selección es el tipo de plumaje. Básicamente en el Padda podemos encontrar ejemplares de plumaje corto o intenso, que presentan normalmente una estructura ahusada y longilínea, y otros con plumaje más largo o nevado, que le infiere un aspecto más redondeado, robusto e incluso de poseer  mayor talla (sobre todo en los Blancos). Siendo absolutamente desaconsejable emparejar dos ejemplares de plumaje corto, tolerable el hacerlo entre uno de plumaje corto y otro de plumaje largo, e ideal el hacerlo entre ejemplares de plumaje largo, pero sin extendernos demasiado en venideras generaciones, en las cuales deberemos introducir ejemplares con plumaje corto, para compensar posibles defectos como la aparición faldones en los flancos.

Por último, la forma de la cabeza es un pilar básico de selección que puede dar al traste con el resto de aspectos selectivos. Existen hembras con una buena conformación craneal que bien pudieran pasar como machos, si bien la pigmentación más desvaída del pico y del cerco periocular delatan su condición femenina. Estas hembras de, digamos, línea macho, son ideales para emparejar con los ejemplares que presenten mejor cabeza y estructura corporal.

Artículo gentilmente enviado por su autor para la edición 14 de www.avesmagacin.com.ar