CAPUCHINO DE PECHO BLANCO Sporophila palustris

 

CAPUCHINO DE PECHO BLANCO

Sporophila palustris

Por José C. Mazzulla

Socio ACRU (Asociación Canaricultores

Roller del Uruguay) Nº 101

Juez ACRU Ornamentales e Híbridos

Juez COM Exóticos

NOMBRES COMUNES

Capuchino Pecho Blanco, Capuchino Garganta Blanca, Paraguayito Pecho Blanco, Paraguayito Garganta Blanca.

Caboclinho-de-papo-branco (portugués).

Marsh Seedeater (inglés).

CLASIFICACIÓN:

– Orden: Passeriformes

– Familia: Emberizidae

– Subfamilia: Emberizinae

– Especie: Sporophila palustris (Barrows, 1883)

– Subespecies: No presenta (especie monotípica).

Esta especie forma parte del numeroso Género Sporophila, compartido con Gargantillos, Corbatitas, Papativas, etc.  Se conocen varias especies de Capuchinos que se caracterizan por ser de reducido tamaño, habitar ambientes de pastizales y bañados de América y presentar grandes problemas de clasificación y conservación. Una de las mayores amenazas que sufren los Capuchinos es la captura y comercio ilegal, ya que son muy buscados como aves de jaula debido a sus bellos cantos e interesantes plumajes. Otro problema de igual o mayor importancia que también deben enfrentar es la destrucción y modificación de su hábitat, tanto por la conversión de pastizales y bañados en tierras forestales (Eucalyptus y Pinus spp) o agrícolas (soya, arroz, etc), como por la ganadería intensiva. Ésta especie en particular puede ser muy perjudicada por la desecación de bañados y por el drenaje de pesticidas y otros deshechos químicos de la agricultura hacia éstos. También es afectada por los incendios intencionales de pastizales donde se alimenta y reproduce como forma de manejo por parte de agricultores y ganaderos. Las acciones de investigación y conservación de este grupo de aves son de suma importancia tanto en zonas de reproducción como de invernada ya que la mayoría de las especies de este grupo son migratorias, con este fin se han identificado IBAs o AICAs (Aréas Importantes para la Conservación de las Aves), que son sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad dentro del rango de distribución de estas especies, siendo imprescindible la coordinación de esfuerzos entre los países implicados. En Uruguay S. palustris encuentra protección en la Reserva Potrerillo de Santa Teresa; en Argentina en los Parques Nacionales Mburucuyá, Chaco e Iguazú, en la Reserva Natural Estricta Otamendi, en la Reserva Provincial Iberá, en la de Rincón de Santa María y en la Reserva Privada El Bagual; y en Brasil en el Parque Nacional das Emas, zona de invernada donde se reúnen gran cantidad de “Sporophilas” (Chebez, 2008). Una de las acciones que se está llevando a cabo para favorecer la conservación de las especies de los pastizales en general es lograr el compromiso de los propietarios de tierras donde éstas se han registrado para que dejen pequeñas zonas o “corredores” con pastizales naturales entre los campos con actividad agrícola, forestal o ganadera, generalmente con apoyo del gobierno de cada país a través de programas de producción responsable.

Mientras se lucha para favorecer la conservación in situ de los Capuchinos, los criadores debemos aportar nuestro “granito de arena” para contribuir a la formación de poblaciones domésticas con el fin de disminuir la presión de la captura y comercio ilegal.

DISTRIBUCIÓN

Al Capuchino Pecho Blanco es posible encontrarlo en Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay.

En Uruguay está restringido a unos pocos departamentos del litoral Oeste y a los bañados del Este, siendo encontrado únicamente en los meses de primavera y verano, período en que se reproduce antes de retirarse hacia zonas de invernada en los pastizales del Cerrado del centro de Brasil.

Distribución de S. palustris (BirdLife International, 2008)

Zona de cría (oscuro) y zona de invernada (claro)

ESTATUS

  • INTERNACIONAL: Según los criterios de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) evaluados recientemente por  BirdLife International el Capuchino Pecho Blanco (Sporophila palustris) está en la categoría de especie En Peligro (EN) de la Lista Roja. También se encuentra en el Apéndice I de la CMS (Convención de las Especies Migratorias de Animales Silvestres), estando los países partes donde se distribuye esta especie comprometidos a esforzarse por su conservación. Aunque se requiere mayor información, se estima que la población mundial total no llega a los 2.500 ejemplares y que está en retroceso (BirdLife International, 2008)

–     NACIONAL (Uruguay): Está catalogada como especie Poco Común (Olmos, 2009)

CARACTERÍSTICAS

Como el resto de los Capuchinos, el de Pecho Blanco mide entre 9 y 11cm de longitud.

Al igual que ellos, presenta un marcado dimorfismo sexual, siendo el macho mucho más llamativo que la hembra.

El macho con plumaje nupcial presenta corona, nuca y dorso plomizos; garganta, mejillas y pecho blancos; rabadilla y vientre normalmente castaños variando desde canela hasta castaño oscuro; alas negruzcas con plumas bordeadas de gris o pardo, con pequeña mancha alar blanca en la base de las primarias siendo más visible en vuelo; cola negruzca; pico algo robusto negro; y las patas son de color ceniza oscuro.

S. palustris macho adulto con plumaje nupcial, en segundo plano se ve una hembra

La hembra tiene dorso pardo, a veces con tono algo oliváceo, y ventral ocráceo de tono variable. Alas y cola pardo-agrisados. El pico presenta maxila parda y mandíbula más clara.

S. palustris hembra

Los juveniles, prácticamente no se distinguen de las hembras.

S. palustris juvenil

Ejemplares  machos subadultos pueden presentar plumajes intermedios. A los 6 – 8 meses generalmente aparecen algunas plumas de adulto en mejillas, dorso, vientre, pecho, etc, pero adquieren la coloración definitiva recién entre los 2 y 3 años de vida.

S. palustris macho subadulto

Esta especie realiza dos replumes al año, una muda prenupcial, aprox. en Setiembre, en la que el macho adquiere su plumaje más vistoso, y una muda postnupcial, aprox. en Abril, donde generalmente lo pierde quedando con un plumaje más discreto, esto varía según cada ejemplar habiendo algunos que modifican poco su plumaje, mientras que otros quedan similares a las hembras salvo por algunas plumas blancas en las mejillas y algunas grises en dorso y cabeza, pudiendo encontrarse ejemplares con plumajes intermedios, es frecuente confundir ejemplares machos adultos con plumaje invernal con ejemplares machos subadultos. Otro fenómeno que ocurre en el período invernal es el aclaramiento del pico de los machos adultos.

S. palustris machos adultos con plumaje invernal

Algunos autores han considerado que S. palustris puede ser una simple fase de plumaje con pecho blanco del Capuchino Canela (S. hypoxantha), y que el Capuchino Pecho Negro (S. ruficollis) es la fase de plumaje con pecho negro de dicha especie.

En 2010 el Capuchino de Collar (S. zelichi), considerado hasta el momento como especie independiente en Peligro Crítico, se reclasifica como una variación de coloración de S. palustris, éste hecho conformó a algunos pero lejos está de terminar con las dudas e hipótesis a nivel mundial  sobre su verdadera identidad. El Capuchino de Collar presenta corona plomiza, dorso, rabadilla y vientre castaños o canelas, y garganta, mejillas, pecho y nuca blancos.

Esta variedad se ha observado en la naturaleza conviviendo y nidificando junto a S. palustris, a los que se suma a veces el Capuchino de Corona Gris (S. cinnamomea). En zonas donde se ha registrado el Capuchino de Collar, he observado a S. palustris y S. cinnamomea conviviendo. Ambas especies presentan cantos muy diferentes entre sí, pero he escuchado el canto de un Cap. de Collar cautivo que era similar al de S. palustris y de un Cap. de Collar en libertad similar al de S. cinnamomea. Teniendo en cuenta la convivencia, el canto y las características compartidas de plumaje, al igual que otros autores, personalmente pienso que el Capuchino de Collar en realidad es el resultado del cruzamiento entre S. palustris y S. cinnamomea. Buscando confirmar o descartar mi hipótesis he cruzado en varias oportunidades a estas especies pero lamentablemente por diferentes motivos los pichones no llegaron a la adultez.

El Canto del Capuchino Pecho Blanco es bastante llamativo y se compone de una serie de silbidos agudos algo melancólicos.

En cautiverio he notado que las hembras también cantan, principalmente al aproximarse la época de cría, aunque no tienen ni la potencia ni la variedad del canto de los machos.

HÁBITAT

El Capuchino Pecho Blanco está muy ligado a las zonas palustres. Habita zonas de bañados, de pastizales húmedos o inundables y de pastizales altos cercanos a ríos, arroyos o lagunas, principalmente durante la época reproductiva. En este sentido es una especie algo más exigente que otros Capuchinos, siendo poco adaptable a otros ambientes. Frecuentemente usan árboles y arbustos de la periferia del pastizal o bañado como perchas o sitios de canto de los machos con el fin de marcar territorio y atraer hembras.

Bañado y pastizal del norte de Uruguay donde el autor registró S. palustris

RASGOS ETOECOLÓGICOS

Presenta hábitos gregarios y es frecuente encontrarlo en parejas o pequeños grupos conviviendo y nidificando junto a otras especies como Capuchino Corona Gris (S. cinnamomea) y Capuchino Pecho Negro (S. ruficollis), también es posible encontrarlo junto a Capuchino Canela (Sporophila hypoxantha), Capuchino de Collar o “Sporophila zelichi”, Tachurí Canela (Polystictus pectoralis), etc.

La época reproductiva de esta especie acontece en primavera y verano, aproximadamente de Octubre – Noviembre hasta Febrero – Marzo, cuando en la naturaleza hay mayor oferta de alimentos y un clima más favorable.

Cada pareja delimita su territorio y no permite la presencia de otros ejemplares, los machos se tornan muy territoriales y agresivos, cantando insistentemente marcando el área desde un sitio visible.

Al nido lo construyen en bañados o en pastizales cercanos, generalmente a baja altura, atado a ramitas de yuyos o arbustos, frecuentemente con tela de araña. El nido es una semiesfera hueca o taza de finas espigas de gramíneas y ramitas entrelazadas, generalmente sin revestimiento interno, cuyas medidas son aproximadamente 7cm de diámetro externo, 4cm de diámetro interno, 3,5cm de profundidad y 5cm de altura (Chebez, 2008).

Generalmente realizan 2 o 3 posturas por temporada de 2 a 3 huevos en cada una, éstos son ovoidales, de 16,28-17,75mm X 12,00-12,64mm según mediciones personales, y presentan una coloración blanquecina con pintas grises, rojizas y pardas, distribuidas por toda la superficie aunque más oscuras y en mayor cantidad sobre el polo obtuso.

La incubación de los huevos dura 11 a 12 días y es llevada a cabo, normalmente de forma exclusiva por la hembra, que con su plumaje poco vistoso pasa desapercibida para los depredadores. El macho generalmente se encuentra no muy lejos marcando el territorio con su canto para evitar la invasión de otros ejemplares.

Durante los primeros días de vida, la hembra es la principal encargada de la alimentación de los pichones.

Aproximadamente a los 10-12 días, los pichones abandonan el nido y revolotean atrás de sus padres pidiendo alimentos, a partir de este momento el macho toma un protagonismo cada vez mayor, ya que en pocos días la hembra comienza una nueva postura. Aproximadamente a los 35-40 días de vida los pichones adquieren la capacidad de valerse por sí mismos y se independizan. La coloración general pardo-acanelada de los pichones juega un papel muy importante en su supervivencia.

Según pruebas en diferentes criaderos, los ejemplares alcanzan la madurez sexual antes del año de vida, aunque los machos no cuenten con su coloración definitiva.

Luego del período de cría, en los machos hay una gran disminución del canto, la agresividad y el comportamiento territorial. Se forman grupos de “Sporophilas” de varias especies, de diferentes sexos y de todas las edades, así realizan las migraciones anuales, abandonando los sitios de cría para desplazarse hacia tierras más norteñas, principalmente al Cerrado del centro de Brasil en el caso de S. palustris. Las migraciones aparentemente se relacionan con los ciclos de producción de las semillas de gramíneas de las que se alimentan y/o por las sequías que se producen en los bañados donde crían (Chebez, 2008).

Su alimentación se basa casi exclusivamente de semillas de gramíneas que aún no se han desprendido de la hierba, por eso necesitan encontrar áreas donde se permite crecer el pasto hasta que broten las semillas. Algunas gramíneas de las que se los ha observado alimentándose pertenecen a los Géneros Paspalum, Panicum, Cortaderia, Echinochloa, etc, variando según las época del año (Chebez, 2008). Como se expresó en otra oportunidad, el nombre de su género, Sporophila, hace referencia a su hábito alimenticio, ya que Sporo viene del griego sporus, que significa espora o semilla y phila, también del griego, significa que “ama o apetece”. También ingieren pequeños brotes e insectos, principalmente en época de cría para alimentar a los pichones debido a su alto contenido proteico.

Pastizal con gramíneas “semilladas”, fuente de alimentación de Capuchinos.

El CAPUCHINO PECHO BLANCO EN AMBIENTE DOMÉSTICO

Esta especie reúne varias cualidades que lo hacen muy apreciado como ave de jaula, lo que ha llevado a que deba soportar la constante presión de la captura y comercio ilegal durante décadas. Si bien la mayoría de los “pajareros” aún se conforman con simplemente mantener los machos solos en pequeñas jaulitas, cada vez son más los verdaderos criadores que se interesan en la conservación, la reproducción en ambiente doméstico y la presentación en campeonatos de ejemplares nacidos en sus criaderos en el marco de una ornitología deportiva, buscando a su vez el incentivo de otros criadores.

Acá en Uruguay contamos con un referente en cuanto a la cría del Capuchino Pecho Blanco, el Sr. Alberto Vittori, criador casi exclusivo de esta especie desde hace varios años, siempre dispuesto al diálogo e intercambio de opiniones y experiencias sobre este fantástico género.

Algunas de las cualidades más sobresalientes de esta especie son llamativa coloración, interesante diseño, bello canto, delicada apariencia, tamaño reducido que facilita su manejo, gran mansedumbre y  facilidad para reproducir.

En cuanto a mutaciones, hasta el momento en esta especie solamente he observado ejemplares leucísticos u overos, los mal llamados con “albinismo parcial”. Los overos tienen ausencia de melaninas en determinadas zonas, o sea presentan zonas con plumaje normal y zonas blancas, éstas se deben a mutaciones en determinados genes de localización. Mediante selección es posible obtener ejemplares enteramente blancos. Esta mutación es autosómica recesiva.

EXPERIENCIA PERSONAL 

El Capuchino Pecho Blanco es una especie que crío desde hace algunos años y que considero de las más atractivas dentro del género. Como expresé en otras oportunidades, aparte de los motivos anteriores que transformaron a este género en uno de mis favoritos, tengo el gran incentivo de realizar una cría experimental, además de contribuir a la formación de una población doméstica, a mi entender imprescindible para garantizar su conservación.

 Paso a describir el sistema que llevo a cabo actualmente según las diferentes épocas del año.

En las épocas de muda y reposo, ubico varios ejemplares juntos de diferentes especies del género separados por sexo en voladoras, evitando en lo posible el contacto visual con los del sexo opuesto para prevenir conflictos. Agrupo aproximadamente 10-15 ejemplares por voladora de 150 X 30 X 30cm o 120 X 40 X 40cm. Uso voladoras totalmente de alambre galvanizado y de pase fino, con divisoria al medio y con parrilla en el piso para evitar el contacto de las aves con las heces que se depositan sobre el papel de la bandeja de chapa galvanizada. Con las voladoras se logra que hagan ejercicio e interactúen entre sí, esto contribuye a evitar la obesidad, logrando una buena fertilidad en los machos y mínimas posibilidades de obstrucción de huevos por falta de tono muscular en las hembras.

En la época de cría utilizo jaulas individuales para los machos y jaulas de cría para las hembras. Las hembras son pasadas de las voladoras a jaulas de cría a medida que observo signos de celo, generalmente a partir de Setiembre u Octubre. Las jaulas de cría miden 60 X 30 X 30cm, son totalmente de alambre galvanizado, de pase fino, con separador al medio, parrilla en el piso y con la particularidad de presentar en la mitad superior de sus laterales una puerta corrediza para pasar los ejemplares de una jaula a otra sin manipularlos. Los machos que cumplen con el replume prenupcial y están cantando con fuerza en las voladoras son trasladados a jaulas individuales de 30 X 30 X 30cm, de pase fino, parrilla en el piso y con puertas corredizas laterales similares a las descriptas. En el criadero las jaulas son ubicadas de forma que entre 2 jaulas de cría quede un espacio donde entra una jaula individual. De esta forma los machos se manejan independientemente de las hembras, permitiendo sacarlos al exterior a tomar baños de sol y ubicarlos a diferentes niveles del criadero para cruzarlos con diferentes hembras.

En las jaulas de cría, donde será alojada una hembra en cada una, se cubre los laterales con planchas plásticas para evitar el contacto visual entre ellas y con los machos que estarán ubicados cada uno en su jaula individual, con esta medida hay menos estrés y se minimiza el abandono de huevos y pichones por parte de las hembras.

Coloco 2 a 3 posaderos o perchas en cada jaula o voladora, teniendo la precaución de que sean de diferentes diámetros, por ejemplo de 1,0, 0,8 y 0,6cm.

Las parrillas y bandejas de jaulas y voladoras son higienizadas una vez a la semana y los papeles que cubren las bandejas son sustituidos 2 veces a la semana.

Sector del Criadero “JCM” donde se aprecian  jaulas de cría y las individuales entre ellas, además de las plantas artificiales que ocultan los nidos.

Jaula individual y de cría con las puertas laterales abiertas para permitir el pasaje del macho.

Los nidos más utilizados para Capuchinos han sido internos tipo taza de alambre galvanizado de 7cm de diámetro y 4,5 cm de profundidad, con revestimiento interno de cuerda trenzada o planchas de esponja vegetal (Luffa cylindrica). Recientemente experimenté con nidos externos de tipo caja pero de tejido electrosoldado recubierto con plantas artificiales con el nido de alambre y su revestimiento en el interior, logrando buena aceptación de las hembras. Conozco criadores que han criado Capuchinos en nidos de Canario tipo taza con mayor diámetro y profundidad que los indicados y en nidos cerrados de mimbre tipo balón con un agujero. Al nido lo ubico cerca de algún ángulo superior sobre la parte frontal de la jaula facilitando su revisión y lo oculto con plantas artificiales colgadas desde el exterior, así la hembra se siente protegida mientras puede observar el entorno a través de las hojas cuando está en el nido, evitando que se levante cada vez que escucha un ruido en el criadero. Coloco abundante material de nidificación como pasto seco, fibras de palmera, crin vegetal (utilizado para rellenar sillones), hilachas de arpillera de 8 a 10cm de largo y algodón, he notado que este último incentiva a las hembras a nidificar, un poco es colocado en el nido y el resto entre los barrotes de la jaula. Las hembras logran el diámetro adecuado del nido incorporando mayor o menor cantidad de material dependiendo del tamaño corporal de cada una entre otros factores, de todas formas el diámetro interno oscila entre 4 y 4,5cm.

Al igual que los otros miembros del género, la base de la dieta proporcionada es una mezcla de pequeñas semillas compuesta por 40% de alpiste, 40% de moha, 15% de mijo y 5% de abisín., utilizo comederos externos tipo capilla y tipo tolva. Complemento 3 o 4 veces por semana con frutas y verduras como banana, manzana, naranja, pepino, radicheta, lechuga, etc. La piedra cálcica y las cáscaras de huevo trituradas están de forma permanente a su disposición durante todo el año. Unos 2 o 3 días seguidos cada semana durante todo el año suministro un complejo vitamínico hidrosoluble en el agua del bebedero, utilizo bebederos externos tipo tubo de 200ml y actualmente estoy realizando algunas pruebas con bebederos de bolita como los de roedores.

En época de reposo proporciono 3 veces a la semana media lengüeta chica por pájaro de pastón con 18 – 21% de proteínas totales (Pastón ACRU con Huevo). En época de replume y de cría, todavía en las voladoras, suministro el mismo pastón pero media lengüeta chica por pájaro todos los días. En época de cría, a las hembras que ya están en sus jaulas de cría y a los machos en sus jaulas individuales, suministro diariamente una lengüeta chica por pájaro de pastón con 24% de proteínas (Pastón casero o Pastón ACRU con Huevo mezclado con Caseinato de Calcio en proporción de 50g por Kg), que suspendo cuando la hembra pone el segundo huevo hasta dos días previos a la fecha de nacimiento. Cuando nacen los pichones  dejo dicho pastón a disposición de forma permanente, y durante los 3 primeros días de vida de los pichones generalmente no suministro frutas y verduras, luego de esa fecha sigo con la rutina de 3 o 4 veces por semana. Acostumbro suministrar un coccidiostático durante la primera semana de vida de los pichones.

Siempre que es posible proporciono baños de agua y sol durante todo el año.

Generalmente previo a la cría y luego de ésta realizo a todos los ejemplares un tratamiento contra coccídeos (Sulfas y/o Toltrazuril) y otros parásitos (ivermectina y/o fipronil). También aprovecho la oportunidad para cortarle algunos mm las uñas y así evitar enganches en la jaula, ya que los Capuchinos de por sí ya tienen las uñas bastante largas para aferrarse fuertemente a los finos pastos donde se alimentan en libertad.

Periódicamente tomo muestras de las materias fecales de todas las jaulas para realizar exámenes de control y cuando muere un pájaro en el criadero se le realiza una necropsia.

El éxito en la reproducción de cualquier especie dependerá de varios factores como tranquilidad del ambiente, mansedumbre y sanidad de los reproductores, alimentación, higiene y manejo adecuados, sin olvidar la importancia de la observación y paciencia por parte del criador. Se recomienda que los reproductores superen el año de edad para asegurarnos que se encuentran totalmente desarrollados, de todas formas ya estarían aptos con 11 meses.

La temporada de cría se extiende desde Octubre – Noviembre hasta Febrero – Marzo, excepcionalmente se puede extender a Abril, y si las hembras están en buenas condiciones podemos obtener 3 o 4 nidadas por temporada.

El sistema de cría que me ha dado mejores resultados es el poligámico, que permite utilizar un macho para varias hembras o cruzar una hembra con más de un macho en la misma temporada. Si bien siempre hay excepciones, en jaulas de cría normales es prácticamente imposible criar en monogamia, ya que en la mayoría de los casos el macho interfiere negativamente en el proceso reproductivo, pudiendo molestar a la hembra mientras incuba, tirar los huevos del nido, agredir a los pichones o a la hembra, etc. En recintos más espaciosos es menos problemático el sistema monogámico.

Mi forma de proceder para la cría del Capuchino Pecho Blanco y demás miembros del Género Sporophila es la siguiente, las hembras son pasadas de las voladoras a jaulas de cría a medida que observo que están entrando en celo por su mayor nerviosismo, aleteo constante, por arrancar papel del fondo de la jaula, por andar con plumas en el pico o por “agacharse” al escuchar cantar a los machos, esto generalmente es a partir de Setiembre u Octubre, aunque hay hembras que matemáticamente, cada año, se “aprontan” recién en Enero o Febrero. Coloco en cada jaula de cría el nido camuflado como se explicó anteriormente y el material de nidificación, al principio solo algodón en pequeña cantidad para incentivar y luego de uno o dos días el resto de los materiales. Los machos son colocados en jaulas individuales luego que completan la muda prenupcial, permaneciendo junto a las de las hembras, pero sin contacto visual, ellas no los ven pero escuchan sus cantos, eso es fundamental para su estimulación a criar.

A partir de acá hay que agudizar la observación, ya que de la interpretación de las pequeñas señales que nos indican los momentos justos para intervenir dependerá gran parte del éxito reproductivo.

Cuando alguna hembra tiene el nido a medio hacer o pasa bastante tiempo en él, ubico la jaula del macho elegido junto a la de ella y retiro la plancha plástica para que se vean. Si ella se muestra indiferente al cabo de unos 5 minutos vuelvo a colocar la barrera visual, seguramente la hembra aun no esta pronta o hubo algún factor que la inhibió, esto conviene hacerlo 2 o 3 veces al día durante los días siguientes y observar la actitud de ella. Si ella se agacha para que la pise, abrimos las puertas laterales corredizas de las jaulas de ambos, generalmente el macho pasa a la jaula de la hembra, la pisa y vuelve a su jaula, si observamos que la cópula se realizó correctamente ya cerramos las puertas corredizas y colocamos la plancha plástica, si quedamos en duda de la efectividad de esa pisada lo dejamos algunos minutos mas para que la vuelva a pisar antes de separarlos. Conviene repetir este procedimiento unas 2 o 3 veces al día durante 2 o 3 días, luego la hembra comienza a rechazarlo, señal de que en 2 a 4 días aparecerá el primer huevo, de todas maneras con una única pisada ya seria suficiente para fertilizar todos los huevos. El macho puede trabajar con varias hembras siempre que se respete el procedimiento y se deje un tiempo prudencial entre una hembra y otra para su recuperación. La hembra se encargará sola de la incubación y la crianza de los pichones.

Pareja de S. palustris en plena cópula

Ponen generalmente 2 huevos y a veces 3, que son incubados durante 11 días a partir de la puesta del 2º, que generalmente es el momento en que la hembra comienza a incubar.

Los pichones son anillados a los 5 – 6 días con anillos de 2,5mm de diámetro interno.

Aproximadamente a los 10-12  días de vida abandonan el nido, cuando esto ocurre conviene retirar el nido para evitar que la hembra comience una nueva postura infértil antes del destete de los pichones.

Huevos de S. palustris

Huevos de S. palustris                           Pichones de 2 días

Pichones de 6 días

Pichón de 16 días

Entre los 20 y 25 días comienzan a probar diferentes alimentos, sobre todo blandos como pastón, frutas y verduras,  pero siguen siendo alimentados aproximadamente hasta los 35 – 40 días, cuando ya están capacitados para descascarar semillas. Éste es el momento de separarlos definitivamente y alojarlos en voladoras para favorecer su desarrollo, donde no debe faltar el suministro diario de alimentos variados. En este momento comienzo generalmente un tratamiento de 10 días con coccidiostático en el bebedero de los recién “destetados”.

Cuando alguna hembra de Sporophila no incuba los huevos o no cría como es debido a sus pichones he utilizado con éxito a hembras de Gambita o Volatinero (Volatinia jacarina) como nodriza.

Hembra de Gambita o Volatinero (Volatinia jacarina) nodriza criando pichón de Capuchino

Como fue expresado anteriormente los juveniles de ambos sexos presentan una coloración parecida a la hembra, pero a los pocos meses los pichones machos comienzan a ensayar sus primeros cantos, de todas formas no hay que olvidar la existencia de hembras jóvenes que también pueden cantar.

El tiempo que demoran los machos en adquirir el plumaje adulto definitivo es variable en diferentes ejemplares, generalmente ocurre en el segundo y tercer año de vida, pero aproximadamente a los 6 – 8 meses es probable que los pichones machos ya presenten algunas plumas propias de los adultos.

S. palustris macho de un año y medio en concurso

Bibliografía consultada:

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